
¿Qué hacían nuestros padres para verse tan Fit? Avances y retrocesos en longevidad
Eric Leuemberger
- Avances médicos y científicos que han contribuido a mejorar la longevidad
- Sobrepeso y Obesidad: Factores que comprometen una longevidad saludable
- De la comida casera a la comida ultra procesada: Un viaje hacia la des-nutrición moderna
- El sedentarismo: La enfermedad del siglo XXI
- El rol de las empresas para afrontar el desafío de hábitos cada vez menos saludables
En un grupo de WhatsApp entre primos, compartimos fotos de nuestros padres en los 70. Entre bromas sobre peinados y looks extravagantes, surgió la pregunta inevitable: ¿Qué hacían nuestros padres para verse tan fit y saludables?
Si bien es cierto que en los últimos 50 años hemos retrocedido en algunos aspectos de la alimentación y hábitos saludables, la humanidad ha experimentado un increíble aumento en la esperanza de vida, pasando de 56 a 71 años según datos de la ONU.
En esta nota, nos embarcamos en un viaje al pasado para analizar los hábitos de nuestros padres que hoy en día serían dignos de replicar. Al mismo tiempo, planteamos ideas y recomendaciones sobre el rol que pueden desempeñar las empresas para afrontar el desafío de hábitos cada vez menos saludables.
Avances médicos y científicos que han contribuido a mejorar la longevidad
El incremento de la esperanza de vida desde 1970 es el resultado de una combinación de factores, incluyendo el mayor acceso a la atención médica, la disminución de la mortalidad infantil, el combate a enfermedades infecciosas y el avance en el tratamiento de enfermedades crónicas.


Algunos datos claves que explican más de 15 años de aumento de expectativa de vida en lo últimos 50 años:
- Mayor acceso a la atención médica
En 1990 sólo el 52% de la población mundial tenía acceso a servicios básicos de salud. En la actualidad más del 80% de la población mundial tiene acceso a servicios básicos de salud (OMS).
- Combate de enfermedades infecciosas
- La viruela, que mataba a millones de personas cada año, fue erradicada en 1980.
- La vacuna contra la hepatitis B, desarrollada en los 80’s, ha prevenido millones de casos de cáncer de hígado y cirrosis.
- La poliomielitis ha sido eliminada en muchas regiones del mundo (OMS).
- Tratamiento de enfermedades crónicas
- Enfermedades cardiovasculares: Han disminuido significativamente debido a mejores tratamientos y prevención. En Estados Unidos, las tasas de mortalidad por enfermedades del corazón han disminuido en más del 60% desde 1970 (American Heart Association).
- Cáncer: La tasa de mortalidad por cáncer ha disminuido en un 25% desde 1990 debido a la detección temprana, tratamientos más efectivos y la adopción de hábitos saludables. (American Cancer Society).
- Diabetes: La esperanza de vida para las personas con diabetes ha aumentado significativamente en las últimas décadas gracias a mejores opciones de tratamiento y control de la enfermedad (Federación Internacional de Diabetes)
- Mortalidad infantil
La tasa de mortalidad infantil a nivel mundial se ha reducido en más de un 50% desde 1970 (Our World in Data).
En los últimos 50 años, la esperanza de vida aumentó de 56 a 71 años gracias a los avances médicos y una reducción de la pobreza mundial que ha permitido mayor acceso a servicios básicos de salud
Sobrepeso y Obesidad: Factores que comprometen una longevidad saludable
Por más que el título de este artículo hable en tono jocoso sobre lo fit que se veían nuestros padres a nuestra edad, el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo importantes para varias enfermedades, incluidas las cardíacas, accidentes cerebrovasculares, diabetes y diversos tipos de cáncer.
A pesar del progreso en el ámbito de la investigación y tratamientos médicos hemos retrocedido significativamente en muchos otros hábitos para que tengamos un aumento tan significativo en sobrepeso y obesidad.
A continuación, se presenta la evolución del porcentaje de la población con sobrepeso u obesidad, comparando los datos de 1975 con los de 2016. Información extraída de Our World in Data.


Es importante hablar de longevidad abarcando no solo la cantidad de años vividos, sino también la calidad de vida disfrutada durante esos años, particularmente en la etapa de adultez.
A continuación, exploraremos los hábitos saludables que practicaban nuestros padres y que hemos perdido.
Creemos que reflexionar sobre ellos y retomarlos en nuestra vida diaria puede ser muy beneficioso. Un llamado al “back to basics“.


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De la comida casera a la comida ultra procesada: Un viaje hacia la des-nutrición moderna
Mi madre solía decirme: “Somos lo que comemos”, recordándome que nuestras elecciones alimentarias tienen el poder de influir en nuestra salud y bienestar.
Al tomar decisiones conscientes sobre nuestra alimentación, podemos nutrir nuestros cuerpos con los nutrientes necesarios para funcionar de manera óptima y reducir enfermedades. Impacta también en nuestros niveles de energía, composición corporal e incluso nuestro estado de ánimo.
Cuando pensamos en la malnutrición, a menudo nos centramos en el hambre y la desnutrición, es decir, en no tener suficientes calorías para comer. Ese es el primer indicador básico de la nutrición, pero no se trata solo de la ingesta de energía, sino de cómo nuestra dieta nos aporta suficientes proteínas, grasas saludables y micronutrientes (vitaminas y minerales).
Pensando en el tipo de alimentación que llevaban nuestros padres y evaluando la evolución el suministro per cápita promedio por día de calorías derivadas de macronutrientes podemos concluir lo siguiente:








Estos cambios de hábitos, sumado al marketing agresivo que promueve el consumo de productos procesados, han llevado a un mayor consumo de alimentos calóricos y alcohol como forma de compensación. Además, el estilo de vida moderno, caracterizado por el sedentarismo y el estrés, contribuye a este fenómeno.
En los gráficos a continuación, se muestra un aumento significativo en la ingesta calórica, especialmente en grasas que suelen ser no saludables al igual que los carbohidratos que ingerimos hoy en día.


El sedentarismo: La enfermedad del siglo XXI
Actualmente 1 de cada 3 personas es sedentaria (OMS). El nivel de sedentarismo ha aumentado impulsado por cambios en el estilo de vida, como el incremento del tiempo dedicado a actividades frente a pantallas y el uso de transporte motorizado.
Según la Organización mundial de la salud (OMS), realizar periódicamente actividad física es fundamental para prevenir y tratar enfermedades no transmisibles. Algunos ejemplos de ellas son las cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, diabetes, y cáncer de mama o de colon. Estas enfermedades provocan el 71% de todas las muertes en el mundo, entre ellas la de 15 millones de personas cada año con edades entre los 30 y los 70.
¿Nuestros padres practicaban más deportes e iban al gimnasio?
La respuesta es NO, simplemente se movían más durante el día. Pasaban mayor tiempo parados, moviéndose y caminando.
Permanecer más tiempo parados y caminar, probablemente uno de los ejercicios físicos más subvalorados.
Entonces, es probable que estos cambios de hábitos estuvieran impulsados más por el estilo de vida que por una conciencia explícita de bienestar. Seguramente desconocían los beneficios de tener una vida en constante movimiento como la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, el mantenimiento de un peso saludable, la disminución del estrés, el fortalecimiento de músculos y huesos, y la mejora de la postura. La evidencia científica demuestra que estas acciones simples pueden tener un impacto significativo en nuestro bienestar general.
Principales cambios en el estilo de vida actual
Los últimos 50 años han experimentado cambios radicales en los hábitos cotidianos de las personas, lo que ha tenido un impacto significativo en la salud física y mental. A continuación, se analizan algunos de los cambios más importantes y sus consecuencias:








El rol de las empresas para afrontar el desafío de hábitos cada vez menos saludables
Si bien los avances médicos y científicos han aumentado significativamente la esperanza de vida a nivel global, estos logros contrastan con el deterioro de nuestros hábitos cotidianos, lo que impacta negativamente en nuestra salud física y mental.
La paradoja de la salud
Por un lado, la medicina ha logrado curar y erradicar enfermedades que antes eran mortales. Por otro lado, dedicamos cada vez menos tiempo y atención al cuidado de nuestro cuerpo y salud emocional, descuidando aspectos fundamentales como la alimentación, la actividad física, la gestión emocional y el descanso.
Así es como nos ocupamos de la salud de forma reactiva, enfocando el tratamiento desde lo farmacológico en lugar de promover cambios de hábitos que podrían prevenir la mayoría de las enfermedades.
El desafío: volver a los fundamentos y afrontar lo incontrolable
Frente a esta realidad, surge la pregunta: ¿Cómo podemos retomar hábitos y estilos de vida saludables? Un llamado a volver a los fundamentos (“back to basics”) se hace cada vez más necesario.
Sin embargo, también debemos afrontar una nueva realidad de contexto que nos afecta negativamente y que, en gran medida, está fuera de nuestro control. ¿Cómo podemos abordar estos factores externos que impactan en nuestro bienestar?
¿Qué pueden hacer las empresas para promover hábitos saludables?
- Fomentar una cultura de bienestar en el trabajo: Implementar programas que promuevan la actividad física, la alimentación saludable, la gestión del estrés y el descanso adecuado entre sus empleados.
- Promover campañas de sensibilización con llamada a la acción: Informar y educar a los empleados sobre la importancia de adoptar hábitos saludables y brindarles herramientas concretas para implementarlos en su vida diaria como sesiones de coaching con profesionales de la salud, retos de equipos, competencia y comunicar exhaustivamente los beneficios de bienestar que brinda la empresa.
- Planes de bienestar personalizados con un abordaje integral: La salud física y emocional de las personas suelen estar interconectadas y ser multicausales, lo cual hace fundamental un abordaje holístico del bienestar. Un plan de bienestar integral considera todos los aspectos de la salud, desde la nutrición y la actividad física hasta la gestión del estrés, el descanso y las emociones, asegurando así una mejora sostenida y significativa en la calidad de vida de las personas y sus familias.
- Flexibilizar las jornadas laborales: Permitir mayor flexibilidad en los horarios de entrada y salida, así como la posibilidad de realizar pausas activas o actividad física durante la jornada, para favorecer actividades de bienestar personal.
- Facilitar chequeos médicos: Los chequeos médicos periódicos son una herramienta valiosa para la detección temprana de enfermedades, la promoción de la salud preventiva y el seguimiento de los avances en la adopción de hábitos saludables.
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